‘Es la economía, estúpido’

Con este título no pretendo insultar al lector, sino más bien recordar una de las frases que utilizó la campaña presidencial de Bill Clinton en 1992 (‘The economy, stupid’), para enfocar la misma en la predominante recesión que afectaba a los Estados Unidos en aquel entonces. Esta frase resume el sentimiento de que en unas elecciones, el tema que acapara la mayor atención del electorado es la economía, lo cual obtiene una prominencia aún mas significativa en tiempos de crisis. En su interpretación mas simplista, deja inferir que unas elecciones no son más que un referéndum sobre el estado de la economía: una economía saludable que presente crecimiento es un voto a favor del candidato o partido ‘responsable’ por dicho crecimiento, mientras que una crisis económica, recesión, o incluso depresión, es un voto en contra.

Dicho esto, pienso que esta frase (menos el insulto, quizás) bien se aplica a lo que está viviendo la República Dominicana hoy en día, cuando al parecer el PLD va entrar a su cuarto mandato consecutivo, para un total de 16 años en la presidencia. Aunque en términos nominales existe una cantidad de problemas que afectan al país que bien podrían ser ‘decisivos’ para un voto (léase corrupción, seguridad, educación, protección de los recursos naturales, salud, etc.), en términos reales éstos terminan tomando la segunda plana ante esta simple consideración: Al día de las elecciones, ¿estamos mejor que hace 4 años?

Esta pregunta también proviene de una campaña presidencial estadounidense, más específicamente del debate presidencial de 1980 entre Ronald Reagan y Jimmy Carter (quien era Presidente en aquel entonces). En el mismo, y haciendo referencia al mal estado de la economía, Reagan lanzó esta pregunta, siguiéndola con: ‘¿Acaso es mas fácil ir a comprar cosas a las tiendas ahora que hace 4 años? ¿Hay más o menos desempleo en el país ahora que hace 4 años?’

Continuando esa misma línea de razonamiento, recordemos las circunstancias en las cuales el PLD se eligió en el 2004. El país había sufrido de una crisis económica y financiera durante el gobierno de Hipólito Mejía, la cual vio la quiebra de 3 bancos, altos niveles de inflación, la devaluación de la moneda, y la creación de nuevos pobres (entre otras consecuencias). Creo que no es muy descarado concluir que esta crisis fue una de las principales causas (sino la principal) que le impidieron la reelección a Hipólito. Claro, el país tenia otros problemas en aquel entonces, pero ¿Cuáles de estos se podían sentir tan cotidianamente? ¿Cuáles de estos literalmente llevaron a familias a la pobreza? ¿Cuáles de estos amenazaron los ahorros de tantos Dominicanos? ¿Cuáles otros generaron un sentimiento de desconfianza tan grande?

Comparemos esto con el comportamiento de la economía durante los gobiernos del PLD. Con esto me refiero específicamente a índices macroeconómicos como el desempleo, la tasa de cambio con el dólar, la inflación, o el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB). Aunque estos índices no son indicaciones exactas del bienestar colectivo, ni muchos menos de desarrollo económico (el PIB per capita es considerado como una medida de desarrollo sólo en conjunción con indicadores de salud y de educación, en el índice de desarrollo humano), sí son un proxy para saber, por ejemplo, cómo ha cambiado el poder de compra de la población. Esto a su vez es un proxy para saber si, en términos económicos, la población esta ‘mejor’ que antes.

Según las estadísticas, desde el 2005 al 2015 (no cuento el 2004 ya que fue el año de transición) la tasa de compra del dólar, un indicador de la valuación de nuestra moneda, ha aumentado en promedio un 3.7% anualmente. Comparemos esto con un aumento de un 99.03% del 2002 al 2003. Igualmente, la tasa de inflación anualizada promedio se encuentra alrededor de un 5.9%, aunque ésta ha bajado notablemente, y en el 2015 alcanzó el 0.84%. Comparemos eso con una inflación promedio de 27.45% en el 2003 y 51.46% en el 2004. En términos del crecimiento del PIB, mientras que en el 2003 el PIB se contrajo un 1.3%, del 2005-2015 éste ha crecido en promedio un 6.7% al año (y un 7% en el 2015).

Ahora bien, mi punto no es implicar que este ambiente macroeconómico sea sólo por obra y gracia del PLD. No, influye el sector privado, e influye la economía internacional y su efecto en la demanda de nuestras exportaciones. Tampoco es sugerir que la salud de la economía pueda expiar las otras faltas de estos gobiernos, notablemente, la calidad de la educación pública y la prevalencia de la corrupción. Mi punto es decir que, ante los ojos del electorado, un ambiente macroeconómico positivo ayuda al partido que está al mando.

Muchos pensaran que esta aparente ‘salud’ macroeconómica no necesariamente se va a traducir en mejores condiciones económicas a nivel individual. Es decir, a fin de cuentas, seguimos presentando altos niveles de pobreza INCLUSO con un crecimiento de 7% del PIB. ¿Cómo puede una persona que todavía se encuentra en la pobreza pensar que su situación ha ‘mejorado’? Pues bien, para entender este fenómeno hay que tener en cuenta que, si bien el gobierno no ha podido ayudar a sacar a un porcentaje significativo de Dominicanos de la pobreza (lo que llamaremos ‘movilidad social’), sí ha hecho aportes a esta parte de la población que podrían ser interpretados como mejoras dentro de la condición de pobreza.

Me explico. Normalmente, para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos, un gobierno invierte en bienes públicos. Estos en teoría benefician a toda la población, ya que, una vez instaurados, es muy difícil discriminar a los recipientes potenciales. Algunos ejemplos comunes son la educación o la salud pública, bienes que tienen un efecto significativo a largo plazo, y que pueden contribuir a la movilidad social (ya una población mas saludable y mejor educada tiene mayores oportunidades de emprender o de integrarse al mercado laboral). El problema radica en que estos bienes requieren una gran inversión, no son necesariamente ‘visibles’ en el corto plazo, y por lo tanto, son muy difícil de ‘asociar’ con un gobernante en particular.

En la República Dominicana, este tipo de bien públicos que bien podría contribuir a la movilidad social es remplazado por: a) bienes de infraestructura, como la construcción de escuelas o puentes (estos no necesarios pero no suficientes para el progreso), o b) transferencias directas, como por ejemplo, la Tarjeta Solidaridad. Estos ‘reemplazos’ son altamente visibles y generan bienestar en el corto plazo, por lo cual no es difícil ver cómo pueden llevar a muchos a pensar que sus condiciones económicas sí han mejorado. ¿O acaso se puede contradecir a una madre que piensa que su situación ha mejorado porque ahora sus hijos pueden asistir a una escuela mas cerca de su hogar, donde les dan desayuno gratis y pueden aprovechar la oferta de una tanda extendida? ¿Acaso se le puede contradecir cuando piensa que su situación ha mejorado porque ahora puede complementar sus ingresos (aún estos siendo bajos) con dinero proveniente de la ‘Solidaridad’ del Estado?

Entonces, ¿Cuál es el problema de este tipo de ‘transferencias’? …Que son un gasto y no necesariamente una inversión, y como tal dependen en gran parte del superávit de la economía. Es decir, la continuidad de dichos programas bien pudiera verse amenazada por un desaceleramiento (o una contracción) del crecimiento del PIB. Asimismo, el hecho de que el gobierno ha podido costear esa infraestructura y demás transferencias directas ha sido en gran parte consecuencia de la estabilidad y el crecimiento económico. Dicho esto, una persona de bajos recursos quizás no esté al tanto de cuál es la tasa de inflación o el valor del peso en el mercado cambiario, pero sí sabe que su situación empeora cuando ya no puede contar con una transferencia de dinero por parte del gobierno, o cuando esa transferencia no le alcanza para comprar hoy la misma canasta que solía comprar ayer.

Volviendo al escenario político, ¿Cual es la otra cara de esta moneda? En cierta forma, el miedo a lo desconocido. Esto quizás sea una de las causas que previene a muchos de depositar su confianza en el PRM, un partido que aunque nuevo, permanece ligado a la figura de Hipólito Mejía y por ende, al recuerdo de la crisis. También quizás sea uno de los factores afectando a los partidos progresistas minoritarios en el país. Partidos cuyos líderes son muy vocales en términos de política social (y por ende, podrían terminar invirtiendo mas en bienes públicos como salud y educación de calidad), pero cuyo ‘performance’ económico podría ser un riesgo.

Por ejemplo, he oído comentarios de que uno de estos partidos minoritarios es muy ‘de izquierda’ en términos de política económica (lo cual desde un inicio es un argumento errado, ya que ‘la izquierda’ se ha convertido en Latinoamérica en un termino heterogéneo que abarca desde gobiernos progresistas anclados en el neoliberalismo como Chile, hasta gobiernos totalitarios anclados en el socialismo como Venezuela). Sin embargo, no es sorpresa que la clase media-alta asocie este ‘izquierdismo’ con más impuestos directos al corto plazo, e incertidumbre al largo plazo, y la clase baja con menos transferencias directas y/o prácticas clientelares que le beneficien (y también incertidumbre al largo plazo). Esto nos lleva de nuevo a nuestra pregunta inicial: ¿Acaso el electorado puede ver esto como una ‘mejoría’ en comparación con los 4 años pasados?

¿Qué nos dice todo esto? Que los números, las estadísticas, los índices macroeconómicos importan. Y que, si bien éstos no se encuentran explícitamente en la conciencia del electorado, aún así terminan ejerciendo una fuerza considerable sobre el mismo al momento de votar. O que, si bien éstos no constituyen un resumen estilizado de la situación del país y todos los problemas que le aquejan, su buen manejo es una precondición para depositar nuestra confianza en cualquier gobernante. En fin, no es que necesariamente tendremos que esperar la próxima crisis económica para que cambie el estatus-quo político, pero aquellos que pretenden gobernar deberían tomar esfuerzos para reforzar sus credenciales económicos y enviar un mensaje conciso y claro, que disipe cualquier incertidumbre en el electorado de cómo su mandato puede verdaderamente constituir una mejora en el bienestar económico.

Advertisements
Standard

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s