‘Más debates y menos caravanas’

Foto: El Nacional

Caravanas ruidosas, candidatos repartiendo pollos, afiches morados, azules y blancos en todos los rincones del país, e innumerables promesas vacías, son todas las imágenes que llegan a mi mente cuando pienso en las campañas electorales en nuestra querida erredé. Este año, sin embargo, apareció la –muy modesta todavía- tendencia en las redes sociales de ‘#RDquieredebates’. Me parece justo y necesario que décadas luego de nuestra ‘transición democrática’ oficial, nos estemos despertando lentamente para darnos cuenta de que quizás sea una buena idea entrevistar a un grupo de candidatos antes de concederle a uno de ell(os) el más alto puesto del gobierno. Sin embargo, ¿Para qué sirven dichos debates (asumiendo que logremos coordinar más de uno) en un escenario político y electoral tan particular como lo es el Dominicano?

La República Dominicana, a diferencia de otros países Latinoamericanos, carece de partidos políticos diferenciados por sus lineamientos ideológicos y programáticos. Esto es un hecho que ya ha sido comprobado empíricamente por varios estudios sobre el tema. Estos muestran no sólo cómo en la República Dominicana no hay una diferencia significativa entre la posición ideológica de los principales partidos políticos, sino también como estos mismos partidos carecen de cohesión, es decir, existen desacuerdos a lo interno de los partidos sobre donde éstos se encuentran en términos de ideolología general.

En términos prácticos, ¿Qué significa esto? Bueno, ¿De qué otra forma podemos explicar los afiches de esta campaña electoral que leen ‘Vota Blanco por Danilo’? ¿En cual otro país del mundo el principal partido opositor de momento (aunque ya es el PRM) establece una alianza electoral con el partido oficialista? O, mirando hacia otros partidos: ¿Qué tiene de ‘Moderno’ o de ‘Revolucionario’ aliarse con uno de los partidos mas tradicionales y conservadores del país? ¿Qué tiene de ‘Progresista’ el repetido llamado en la presa nacional a oponerse a un embajador extranjero simplemente por el hecho de que éste sea abiertamente gay?

Entonces, me pregunto, ¿En qué creen verdaderamente nuestros políticos? ¿Cómo puede el electorado votar por algún partido político cuando éstos no señalan claramente cual es su posición programática? ¿Para qué organizar un debate si lo que ata un candidato a un partido u otro no es la ideología del mismo, sino alguna consideración monetaria o la ‘lealtad’ hacia alguna figura política?

A propósito de ilustración, comparemos este escenario con las elecciones de los Estados Unidos. No porque la democracia Estadounidense represente necesariamente una democracia ‘ideal’, sino más bien porque es la que actualmente domina el espacio mediático internacional, y por ende puede ser un ejemplo mas fácil de seguir. Tan sólo en la etapa de las elecciones primarias, el partido Republicano ha tenido 12 debates y el partido Demócrata ha tenido 8. Estos debates han dejado ver al electorado y al mundo no sólo cuanto difieren los candidatos a lo interno de cada partido, pero también qué tanto difieren los Republicanos de los Demócratas en temas como el trato de inmigrantes ilegales, la regulación del sector financiero, posibles reformas fiscales, cómo empoderar a la clase media, cómo enfrentar la discriminación sistemática de ciertas minorías, etc. A través de estos debates hemos conocido a los candidatos, hemos visto qué piensan, cómo enfrentan criticas, y qué tan firmemente se aferran a sus posiciones.

Ahora bien, este ejercicio actualmente no existe en la República Dominicana, lo cual genera un gran problema: realizamos un voto a ciegas. Votamos basándonos en quien, potencialmente, es el candidato menos corrupto (asumiendo que otras consideraciones clientelares no entran en la ecuación). Es un escenario político unidimensional, que favorece las acusaciones y/o promesas sin profundidad alguna, y donde las verdaderas políticas sociales y económica, o los verdaderos planes de gobierno no tienen lugar.

Y aún así, reclamamos debates, ¿Por qué?

En primer lugar, porque es este escenario precisamente donde la disponibilidad de información adquiere un rol primordial. Sí, existen candidatos cuyas campañas se basan mayormente en el caravaneo y el clientelismo, pero también tenemos candidatos(as) con propuestas claras de cómo ellos (o ellas) piensan lograr un mejor país. Sin embargo, estas propuestas se pierden en medio de todos los titulares sensacionalistas de la semana. Estas propuestas no ganan tracción en los medios, y por ende no generan una respuesta significativa en la población. El electorado tiene un rango de atención muy limitado, y, realísticamente, no siempre tiene el tiempo o los recursos para indagar a fondo sobre el plan de gobierno de cada candidato antes de decidir por quien votar. Un debate (o varios), puede facilitarle a la población esta información de una manera económica, clara, y concisa, llevando a los Dominicanos a votar conscientemente de acuerdo a consideraciones programáticas.

En segundo lugar, porque tenemos un sistema electoral y un sistema de financiamiento de partidos que favorecen, principalmente, al partido que se encuentra en el poder. Una intención de voto a favor del actual presidente de aproximadamente un 60% de los votantes fuese mucho mas impresionante si éste no ocupase el 81.52% del espacio de propaganda en todos los medios de comunicación. En la política, para bien o para mal, el dinero tiene mucho poder de convertirse en votos. Un debate, sin embargo, puede nivelar en cierto modo el terreno para los demás candidatos (en especial los de partidos minoritarios), y darles la oportunidad de que las ciudadanía los conozca y escuche sus propuestas. Quizás ya sea demasiado tarde para que esto afecte el actual ciclo electoral, pero aun así tenemos que dar ese paso creyendo firmemente que en un futuro no muy lejano, estos debates sean capaces de marcar una diferencia.

Finalmente, porque es hora de darle un giro a la forma de hacer campaña en el país. Queremos conocer los lineamientos programáticos de cada candidato, y votar por aquel(o aquella) que tenga nuestras mismas prioridades. Queremos saber como los y las candidatas piensan alcanzar ese famoso ‘cambio’, tomando en consideración las limitaciones institucionales y económicas de nuestro país. Queremos ver al actual presidente enfrentar las criticas de los demás candidatos, y convencernos de por qué, aún con todos los problemas que enfrenta nuestro país, merece 4 años mas. Queremos un pueblo que, por comer un día, no vote por pasar hambre por 4 años. Queremos una campaña civilizada, sin desorden, sin ruido, sin violencia. Queremos partidos políticos y candidatos con visión, no con el interés de ganar poder a toda costa. En fin, queremos una campaña electoral con más debates y menos caravanas.

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Hipocresía, pura y simple

Imagen: Diario Libre

Hoy mi mente tuvo el privilegio y el placer de deleitarse con un regio articulo sobre el ‘ciclón’ LGBT que arrasa con la República Dominicana. Aunque mis niveles de tolerancia por todas las nimiedades que veo en la red en el día a día suele ser bastante alto, el leer este articulo resultó ser la gota que derramó el vaso de toda la hipocresía que puedo aguantar (en especial proveniente de políticos que a falta de una propuesta real de gobierno, utilizan los ataques contra una minoría marginada para ganar tracción en los medios).

Pues bien, para el escritor de dicho artículo, como para tantos otros opinadores de profesión y defensores de la moral dominicana a tiempo completo, las actividades del embajador Norteamericano Wally Brewster constituyen una ofensa letal a la soberanía del país. Nunca antes una figura pública ha desatado tan repentina y ferozmente un llamado a ‘PROTEGER LOS VALORES CRISTIANOS’. Y esto sí que es de notarse, ya que una respuesta similar de estos defensores de la moral no se ha producido ante otros acontecimientos que en mi humilde opinión, presentan una mayor amenaza a dichos ‘VALORES CRISTIANOS’.

Acaso estos defensores de la moral escribieron cartas manifestando similar indignación ante el centenar de feminicidios que ocurren en el país? O será que estos hechos trágicos constituyen un reflejo de los ‘VALORES CRISTIANOS’ con los que el embajador y su esposo vienen a acabar?

Donde están los artículos de estos defensores de la moral denunciando la forma casi obscena en que las mujeres son presentadas, tanto en los programas de televisión local como en las canciones de artistas ‘urbanos’? O quizás la degradación sistemática de la mujer no entra tanto en conflicto con nuestros ‘VALORES CRISTIANOS’ como el hecho de que dos hombres se amen y decidan pasar el resto de sus vidas juntos.

Donde están los artículos de estos defensores de la moral quejándose de que el hecho de que un legislador aparezca en televisión nacional hablando de su ‘segunda base’ constituya un mal ejemplo para las niñas y niños dominicanos? Tal vez admitir a tener varias bases no corrompe nuestros ‘VALORES CRISTIANOS’, siempre y cuando dichas bases sean del sexo opuesto.

Y, lo que nunca ha dejado de intrigarme, donde estaban las voces de estos defensores de la moral cuando se destapó el caso del nuncio Wesolowski? O cuando el mismo Cardenal que debería ser la personificacion de dichos ‘VALORES CRISTIANOS’ decidió permanecer callado ante todo el asunto?

En fin, todo esta ‘indignación’ y espectáculo no es mas que hipocresía, pura y simple. Una hipocresía que proviene de ciertos sectores de la sociedad que quieren enmascarar su arcaísmo como conservadurismo. Ciertos sectores que se aferran a muerte al hecho de que la Constitución dice que el matrimonio es ‘entre un hombre y una mujer’, ya que como todos sabemos, la Constitución Dominicana es un documento sagrado que solo ha sido modificado 39 veces. Estos son los mismos sectores que en el año 2016, justifican la marginalización y hasta la posible violación de los derechos humanos de un segmento de la populación Dominicana.

Pero bien, de cierta forma era de esperarse, entre otras razones debido a la crisis de educación que sumerge al país. Aún así, no soy la primera en notar que existen bastantes paralelos entre el movimiento por los derechos LGBT y el movimiento por los derechos de la mujer, o el movimiento por los derechos civiles es Estados Unidos. En todos estos casos, existían ciertas creencias sociales que reforzaban las relaciones existentes de poder. Una de estas creencias era, por ejemplo, que las mujeres no ‘tenían lugar’ en el dominio político, ya que su deber ‘natural’ era permanecer cuidando el hogar, y por lo tanto estaban ‘incapacitadas intelectualmente ‘de poder votar. Otra de estas creencias era que las personas de raza blanca y las personas de raza negra no podían mezclarse, y esto se manifestaba, por ejemplo, con reglas que estipulaban que los negros solo se podían sentar en la parte trasera de los autobuses, o con la prohibición de los matrimonios inter-raciales.

Y sin embargo, hoy pensamos en esas prácticas y esas creencias y nos parecen ridículas. Porque lo son. Pero en algún momento fueron disfrazadas como ‘lo moral’, ‘lo cristiano’, o ‘lo correcto’. Y lo mismo está pasando y seguirá pasando con el movimiento LGBT. Cuando los políticos, los ‘religiosos’, y los sin oficio de nuestro país dejen su campaña de miedo, de estereotipos, y de creencias sin fundamento científico alguno, miraremos al día en el cual tantos se indignaron porque Obama decidió mandar a un embajador abiertamente gay a la República Dominicana. Ahora sólo falta decidir que tan rápido nos colocaremos en el lado correcto de la historia.

 

 

 

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